El Ministerio de Salud Pública de Cuba identificó **50.862 casos** de neuropatía entre el 1 de enero de 1992 y el 14 de enero de 1994, con enfermos cuyos síntomas habían empezado desde el 1 de julio de 1991. La población cubana en 1993 era de 10,8 millones: uno de cada doscientos doce habitantes. La enfermedad tuvo dos formas. La óptica: pérdida de agudeza visual en un plazo de tres a treinta días, pérdida de la visión del color y escotomas centrales. La periférica: pérdida de sensibilidad, sobre todo en las piernas. Ambas compartían dos rasgos que describen por sí solos el momento: pérdida de peso y fatiga fácil. En septiembre de 1993, investigadores cubanos y estadounidenses examinaron conjuntamente a 123 pacientes con neuropatía óptica grave y los compararon con personas sanas de la misma edad y sexo. Midieron la exposición a posibles tóxicos, aplicaron un cuestionario de frecuencia de consumo de alimentos y analizaron indicadores de estado nutricional en sangre. Los resultados se publicaron en el New England Journal of Medicine en 1995. El riesgo de enfermar bajaba con una mayor ingesta de metionina, vitamina B12, riboflavina y niacina, y con concentraciones séricas más altas de carotenoides antioxidantes. El consumo de tabaco, en especial el tabaco puro, lo aumentaba. Los nuevos casos empezaron a caer cuando se inició la suplementación vitamínica de la población. Y hay dos factores más, que el propio estudio describe como medidas indirectas de una mayor disponibilidad de alimentos. El riesgo era menor entre quienes **criaban gallinas en su casa** y entre quienes **tenían familiares viviendo en el extranjero**. Esa frase, escrita en una revista médica y no en un panfleto, es la definición más exacta del Período Especial que contiene este archivo. Lo que separaba a un cubano de quedarse ciego no era el sistema sanitario que el país exhibía en el exterior: era tener un animal en el patio o un pariente que mandara comida desde fuera. La conclusión del estudio es explícita: la epidemia aparece ligada a una ingesta reducida de nutrientes causada por el deterioro de la situación económica del país, junto a la alta prevalencia del tabaquismo. Treinta y cinco años después, el archivo registra que el mismo factor sigue operando. En las fichas sobre los apagones de 2026, quien tiene familia en el exterior compra horas de electricidad y quien no la tiene espera la vela. Cambió el bien escaso; no cambió quién queda fuera.