El periódico provincial Escambray informó de que un establecimiento privado de Sancti Spíritus firmó un convenio con el Banco Popular de Ahorro para entregar las pensiones de más de veinte deportistas jubilados. El mecanismo: el negocio paga con parte del efectivo que obtiene de sus ventas y después concilia las operaciones con el banco, que puede adelantarle dinero si no dispone de suficiente. El motivo declarado es evitar a personas de edad avanzada o con problemas de movilidad tener que salir de madrugada, buscar turno y soportar colas en las sucursales. No es un caso aislado: nueve actores económicos mantienen convenios similares con el mismo banco en esa provincia para pagar a 69 jubilados. Cubadebate presentó el acuerdo como una muestra de solidaridad y un resultado de las 176 transformaciones económicas y sociales aprobadas por el Gobierno. Lo que el acuerdo documenta es otra cosa: una función elemental del sistema bancario estatal —entregar una jubilación— trasladada a la caja de un negocio particular porque el Estado ya no puede garantizarla. El detalle que cierra el cuadro es quiénes son los beneficiarios. Se trata de deportistas que el sistema exhibió durante décadas como prueba de sus éxitos: representaron a Cuba en Juegos Olímpicos, mundiales, panamericanos y centroamericanos. Escambray menciona, entre otros, a Hermenegildo Palacio, José de Jesús González, Miguel Díaz, Lidia Jaime, Valentín Lizano, Mario Pujol, Lázaro Martínez, José Zamora y Víctor Muñoz. Terminada la vitrina, el mismo Estado que los usó como propaganda no puede ponerles la pensión en la mano.