La sucursal provincial de Islazul en Santiago de Cuba anunció en redes sociales la licitación de espacios en ocho hoteles y dos locales de ocio, en las modalidades de arrendamiento, cooperación y consignación, con plazo hasta el 1 de octubre de 2026. El paquete incluye las zonas de servicios y gastronomía de los hoteles Costa Morena y Balcón del Caribe; los restaurantes Bucanero y Cabaret Tricontinental y la cafetería Compay del hotel Las Américas; el restaurante, parrillada y bar del Gran Piedra; la terraza, bar y restaurante del Deportivo; el bar del Perla; el complejo gastronómico completo del Rancho Club y la Villa San Juan; la terraza del Rex; y la terraza y el bar del Libertad. Para optar hay que entregar documentación en un sobre con el plan técnico y la propuesta económica. No hay pliego de condiciones público con bases, cánones ni condiciones específicas, como sería habitual en una licitación internacional. Desde 2022 una resolución del Ministerio de Comercio Interior regula que los actores no estatales se hagan cargo de instalaciones infrautilizadas o en mal estado. La norma especifica que la propiedad sigue siendo del Estado. El giro es el fondo del asunto. En 2019, al cumplir 25 años, Islazul presentó un plan de inversiones que priorizaba el capital extranjero y presumía de un contrato de administración con Meliá. Ese camino se cerró cuando las hoteleras extranjeras, mayoritariamente españolas, abandonaron la Isla tras la orden ejecutiva estadounidense que amenazaba con sanciones a empresas de cualquier país que hicieran negocios con el régimen. Meliá, que llegó a gestionar 34 establecimientos, fue el caso de mayor impacto. La desconfianza aparece en los propios comentarios a la convocatoria oficial. Uno de ellos resume el reparo: «Para que después gastes tu dinero, lo pongas lindo, y ellos te lo quiten». Otro apunta al giro del discurso: «Ya los cubanos capitalistas no son traidores, ahora son traedólares».