La Farmacia de Peralta, en el reparto holguinero del mismo nombre, vende pañales desechables, champú, desodorantes, jabones, cosméticos, productos de higiene femenina, pasta dental y juguetes. En la sección de medicamentos, según la crónica de Miguel García en 14ymedio publicada el 14 de septiembre de 2026, quedaban unos pocos frascos de colirio. El mecanismo tiene nombre: venta por consignación. Trabajadores por cuenta propia colocan su mercancía, el local estatal pone el espacio y el personal, y se reparten la ganancia. La farmacia sigue abierta y sigue facturando. Lo único que ha dejado de hacer es despachar medicinas. Léase junto a las cifras del cuadro básico —190 de 651 productos disponibles en abril— y junto a la farmacia privada surtida que abrió en La Habana en agosto. No es que no haya productos en el país: es que no están donde deberían estar y no llegan por la vía que le corresponde a la gente.