El aviso de la representación diplomática relaciona el incremento de las enfermedades diarreicas en Cuba con tres fallos de infraestructura: agua, electricidad e higiene. Menciona como agentes la bacteria E. coli, el norovirus y la shigella. La cadena causal que describe es elemental y por eso es grave. Los cortes eléctricos prolongados impiden refrigerar alimentos. Las deficiencias en el suministro aumentan la exposición a fuentes de agua contaminada. Una cosa alimenta a la otra: el apagón deja de ser una molestia y se convierte en un problema epidemiológico. Las recomendaciones del aviso describen, en negativo, cómo se vive en el país: evitar alimentos crudos, evitar productos que no hayan sido almacenados correctamente, evitar comidas que pasen mucho tiempo a temperatura ambiente, beber solo agua embotellada o tratada, desconfiar del hielo de origen desconocido y no tomar agua del grifo sin procesar. La propia embajada advierte que, ante un cuadro gastrointestinal, las condiciones actuales aumentan el riesgo para quien enferma, precisamente porque hay dificultades para acceder a servicios básicos y a atención sanitaria. Es decir: el mismo deterioro que provoca la infección dificulta tratarla.