La Comisión Interamericana de Derechos Humanos lo fecha con precisión: «El éxodo por mar del Mariel comenzó con el movimiento de **10.000 cubanos que pidieron asilo político en el edificio de la Embajada de Perú entre el 18 y el 21 de abril de 1980**». De aquel jardín salió el éxodo por el que abandonaron la isla unas **125.000 personas**. Y salió también la práctica que este archivo documenta en otra ficha para los años noventa: **el acto de repudio**. ## Lo que ocurrió en la calle El 19 de abril de 1980, *EL PAÍS* describió lo que veía desde La Habana: «A lo largo de todo el día de ayer, miles de cubanos desfilaron ante la Embajada peruana en La Habana con gritos dirigidos a los asilados, en los que exigían su abandono y salida del país. **La marcha estaba compuesta por miembros de los Consejos de Defensa de la Revolución (CDR), y comités civiles de vigilancia de barrio**». La misma crónica añade el detalle material: los manifestantes, «en su inmensa mayoría jóvenes», portaban «carteles, pancartas y **muñecos de trapo** caracterizando al “imperialismo yanqui”, a los lumpen y gusanos». Y una frase que zanja la discusión sobre la espontaneidad: «La manifestación del millón, como la denominan las autoridades cubanas, **contó con apoyo oficial**». El vocabulario oficial de aquellas semanas está documentado. Según el blog documental de los Archivos Nacionales de Estados Unidos, el diario *Granma* llamó a quienes se iban «antisocialistas», «vagos» y «gusanos», y miembros de los CDR encabezaron consignas de «**¡Que se vayan!**» ante las embajadas. Un despacho de Associated Press del 2 de mayo de 1980 informó de que, según Radio Habana, Fidel Castro denunciaría en el acto del Primero de Mayo a quienes se marchaban como «**parásitos, delincuentes y vagos**». ## Lo que le pasó a la gente La CIDH lo resume así: «La opinión pública en Cuba se volvió con fuerza contra quienes deseaban irse, y **muchos fueron objeto de abuso verbal e incluso físico**. En el lenguaje oficial y en las manifestaciones públicas, los cubanos que se sumaron al éxodo por mar fueron vilipendiados como la escoria de la sociedad y como antipatriotas». Y sitúa el mecanismo: en 1980 se convocó a los Comités de Defensa de la Revolución para organizar «asambleas de repudio», en las que sus miembros podían expresar su reprobación de los vecinos que querían irse. «**En algunas ocasiones esas reuniones derivaron en actos de violencia** contra los posibles emigrantes». La investigación académica aporta la descripción concreta. El número especial *Mariel@40* define los actos de repudio como «actos agresivos de violencia real y simbólica, incluidos el coreo de insultos, **golpizas, daños a la propiedad personal y lanzamiento de huevos**», que enfrentaron a «revolucionarios» leales contra una población trabajadora y multirracial llamada «escoria». Otro artículo, este con revisión por pares, recoge testimonios concretos —entre ellos el de Sergio Arrechea, que salió por el Mariel a los dieciséis años— sobre actos de repudio en su barrio dirigidos especialmente contra personas negras. ## Lo que vieron los diplomáticos, en documentos desclasificados El 25 de abril de 1980, el jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana escribió a Washington que quienes se habían refugiado en la embajada peruana «pueden sufrir **acoso salvaje e incluso abuso físico** mientras sigan en Cuba». El 2 de mayo, según la nota de los editores del FRUS, cerca de **800 expresos políticos y sus familias** se congregaron ante la Sección de Intereses para ser tramitados. Llegó un grupo de civiles progubernamentales y empezó a agredirlos: **unas 400 personas se refugiaron dentro del edificio** mientras la turba permanecía fuera. Tres días después, el 5 de mayo, un funcionario cubano, José Luis Padrón, se reunió con el jefe de la Sección de Intereses. El cable recoge que **aludió a una violencia generalizada** —el diplomático estadounidense anota entre paréntesis que era «una admisión asombrosamente franca»— y dijo que los ánimos estaban exaltados y que estaban ocurriendo «**cosas lamentables**». ## Lo que el Gobierno respondió cuando se lo preguntaron Ocho años después, en 1988, una misión de Naciones Unidas visitó Cuba. Su informe recoge las denuncias recibidas: insultos, ataques contra viviendas e incluso agresión física, **por instigación de los CDR**, contra quienes querían salir del país. Y recoge también, inmediatamente después, la respuesta oficial. El **Ministro de Justicia** sostuvo que los actos de repudio «habían ocurrido espontáneamente y reflejaban el antagonismo de la población hacia quienes querían dejar el país», y afirmó que en muchos casos «las autoridades tuvieron que intervenir para evitar excesos». El **Vicepresidente del Consejo de Estado** declaró que aquella reacción de masas «no había sido instigada por el Gobierno», que había tenido que intervenir para impedir que la situación se deteriorara más. Esa es la versión oficial, y este archivo la publica entera porque el mismo documento contiene lo que la contradice. Unas páginas más adelante, el informe recoge el testimonio de un hombre que había perdido su empleo en 1977 por pertenecer a un grupo de estudio marxista no oficial, y que **tres años después fue despedido de su nuevo trabajo por negarse a participar en un acto de repudio contra un compañero**. Un acto espontáneo del que se puede ser despedido por no participar no es un acto espontáneo. ## Lo que no está en el registro internacional Aquí hay un hallazgo que conviene publicar aunque sea incómodo, y que se verificó sobre el texto completo de los documentos. El **informe anual de Amnistía Internacional de 1981**, que cubre de mayo de 1980 a abril de 1981, menciona en su entrada sobre Cuba la salida de más de 100.000 personas tras la ocupación de la embajada peruana por unas 10.000. Pero **no contiene ni una sola vez las palabras «repudiation» ni «Mariel»** en todo el volumen. Tampoco el de 1982. Lo que sí registra Amnistía es otra cosa: que tras el asalto policial a la Legación del Vaticano en 1980, los cubanos detenidos, **incluidos menores**, habrían sido juzgados sumariamente y algunos condenados a **treinta años**. Y que en 1982 investigaba los casos de varios cubanos que pidieron asilo en la embajada peruana en abril de 1980 y que, tras recibir salvoconducto, habrían sido detenidos, juzgados y condenados a prisión al salir de la embajada. La organización de derechos humanos más influyente del mundo documentó Cuba aquel año sin nombrar ni el éxodo ni la práctica. No se publica esto para desacreditarla, sino porque explica por qué los actos de repudio de 1980 tardaron décadas en tener un registro sólido: **durante años, la principal fuente sobre lo que ocurrió no fueron los organismos, sino los cables diplomáticos y los periódicos**.