En 1957 Cuba producía alrededor de 5,8 millones de toneladas de azúcar. En la zafra 2024-2025 produjo menos de 150.000, según estimaciones construidas a partir de partes oficiales. El consumo interno del país se calcula entre 600.000 y 700.000 toneladas al año: hace años que Cuba importa el azúcar que durante siglo y medio definió su economía. El resto del cuadro va en la misma dirección. La FAO registra caídas en arroz y maíz y estimó para 2024-2025 una necesidad de importar cerca de 1,3 millones de toneladas de cereales. La CEPAL sitúa las exportaciones de bienes y servicios de 2025 en 8.847 millones de dólares, 792 millones menos que en 2024 y muy lejos de los 13.122 millones de 2018. El turismo, al que el Gobierno llamó durante años «la locomotora de la economía», recibió en 2025 unos 1,8 millones de visitantes —la cifra más baja desde 2002 si se excluye la pandemia— y en el primer semestre de 2026 solo 387.591, un 60,7 % menos que un año antes. La ocupación hotelera del primer trimestre de 2026 fue del 12,9 %, frente al 23,7 % del año anterior. La moneda acompaña el descenso. El dólar informal pasó de unos 435 pesos en enero de 2026 a cerca de 697 en septiembre, según el seguimiento de elTOQUE recogido por la CEPAL. Y la población se va: la CEPAL estima que desde 2021 ha salido del país una cifra equivalente a cerca del 10 % de sus habitantes, sobre todo jóvenes en edad laboral. Uno de cada cuatro cubanos supera ya los 60 años, según datos oficiales. Para 1957, el Estudio Económico de América Latina de la CEPAL registró un crecimiento del producto por habitante del 6,1 %, frente a un promedio regional del 2,4 %. El Anuario de Cuentas Nacionales de Naciones Unidas, citado por el economista Eric Baklanoff, situó el ingreso real por habitante en unos 378 dólares de la época, cuarto lugar de América Latina. Un estudio estadístico posterior de la CIA calculó un PNB por habitante de 424 pesos, cuando el peso mantenía paridad oficial con el dólar. La proyección para 2026 apunta a una contracción que podría superar el 10 %, con una caída acumulada de alrededor del 25 % en cinco años. La comparación no dice que 1957 fuera un país justo: dice que el modelo que prometió corregir aquella economía terminó destruyendo su capacidad de producir, y que el país que exportaba alimentos hoy depende de importarlos.