La U.S. Energy Information Administration registra para junio de 2026 envíos de derivados del petróleo desde Estados Unidos a Cuba por 778.000 barriles, el máximo del año y un 63,4 % más que los 476.000 de mayo. La progresión del semestre: 1.000 barriles en enero, 19.000 en febrero, 190.000 en marzo, 210.000 en abril, 476.000 en mayo y 778.000 en junio. En total, 1,67 millones de barriles en seis meses. Estados Unidos no exporta crudo a la Isla: se trata de productos refinados. El diésel acumuló en el semestre unos 1,08 millones de barriles, con 648.000 solo en junio frente a 187.000 en mayo. La gasolina bajó un 58 % en junio (110.000 barriles) tras los 262.000 de mayo. A esos productos se suman, en junio, 5.000 barriles de gases licuados —propano—, 1.000 de queroseno y 13.000 de lubricantes. El permiso estadounidense para vender combustible a Cuba estaba condicionado al sector privado. Pero las gasolineras cubanas surten desde hace meses también al sector estatal. El caso documentado con más claridad es el de la gasolinera El Eficiente, en La Habana, a una cuadra de Villa Marista: surte vehículos del Ministerio del Interior, es decir, del aparato represivo. La ampliación de ese abanico de clientes coincide con la curva ascendente de las exportaciones. La compra a Estados Unidos por parte de «privados» es hoy la única fuente exterior de combustible de la Isla. El último petrolero mexicano, el Ocean Mariner, llegó el 9 de enero de 2026 con 80.000 barriles. El experto de la Universidad de Texas Jorge Piñón señala que ocho de los diez petroleros con bandera cubana llevan al menos noventa días fondeados; solo el Vilma y el Esperanza están en tránsito, y no hay actividad alrededor de La Habana ni movimientos de buques de gas licuado.