La pintada apareció en la fachada del Teatro Universitario de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, en Santa Clara, en la noche del domingo 13 o la madrugada del lunes 14 de septiembre de 2026. Fuentes de la propia universidad enviaron fotografías a dos medios independientes, que las publicaron por separado; el periodista Carlos Alejandro Rodríguez Martínez aseguró haber verificado la imagen. Antes de la ceremonia de apertura del curso 2026-2027, las letras fueron cubiertas con una bandera cubana y dos del 26 de Julio. El acto se celebró como si nada hubiera ocurrido y la publicación oficial de la emisora universitaria no hizo ninguna referencia. Según el perfil Guapo y Fajao, la Dirección Técnica de Investigaciones se presentó con perros buscando rastros y agentes de la Seguridad del Estado permanecieron en la zona. El curso empezaba ese lunes después de varios meses sin clases presenciales por la crisis energética. La universidad había sido, poco más de un año antes, uno de los focos de las protestas estudiantiles contra el tarifazo de Etecsa, cuando alumnos de varias facultades se sumaron al paro académico iniciado en la Universidad de La Habana y denunciaron censura y presiones. El gesto tiene un destinatario preciso: Miguel Díaz-Canel se graduó de ingeniero electrónico en esa universidad y allí empezó su carrera política. No es un caso aislado. En marzo de 2023 apareció un «No al PCC» en la fachada de la Facultad de Física de la Universidad de La Habana y otro a la entrada del Estadio Universitario, cubierto después con pintura negra. En 2019, varios letreros con la frase «Abajo Díaz-Canel» en la Universidad de Camagüey derivaron en interrogatorios y en la expulsión del estudiante Jorge Enrique Cruz Batista. Más recientemente, el profesor Ariel Manuel Martín Barroso, de la Universidad de Sancti Spíritus, fue condenado a diez años de prisión por varias pintadas; la primera recogida en su sentencia data del 17 de octubre de 2024, en un pasillo de su propio centro. El Observatorio Cubano de Conflictos registró en febrero de 2026 un récord de 42 grafitis contra el régimen y en marzo contabilizó 70. La respuesta habitual es la misma que en Santa Clara: tapar, borrar, buscar autores y no mencionar el hecho.